Hemos revisado proyectos donde el técnico había calculado el caudal de ventilación de una vivienda como si fuera un espacio de uso terciario, contando personas y aplicando un valor de litros por segundo y persona, en lugar de aplicar directamente la tabla del HS3 por tipo de local y número de dormitorios. No es un error grave ni intencionado, es un enfoque que suele venir de haber trabajado antes con el RITE en oficinas o locales comerciales, donde el criterio sí es la ocupación. El problema es que en vivienda el HS3 ya ha hecho ese trabajo por el técnico: da los caudales tabulados por tipología de local y tamaño de vivienda, no por aforo.
Aplicar el criterio de terciario a una vivienda da casi siempre un resultado distinto al que pide la norma, a veces más exigente, a veces menos, y entonces toca explicar por qué el camino correcto es otro sin que suene a que se está discutiendo el mismo dato dos veces. Este tipo de confusión, entre el criterio de vivienda y el de terciario, es probablemente el error de interpretación más habitual entre los técnicos que trabajan con los dos mundos.
Qué regula el HS3 y cuál es su lógica de fondo
El HS3 no se limita a fijar una lista de caudales que memorizar y aplicar: define la calidad del aire interior exigida en función del uso y de la ocupación esperada de cada espacio. Detrás de cada caudal exigido hay una pregunta concreta: cuánto aire viciado genera ese local y qué renovación hace falta para mantener la calidad del aire dentro de unos límites razonables. Entender esa lógica es lo que permite manejar la norma con criterio propio, en lugar de limitarse a buscar el valor en la tabla y copiarlo en el proyecto.
Esto tiene una consecuencia práctica que no siempre se explica bien: la norma distingue entre locales secos (dormitorios, salón) y locales húmedos (cocina, baños), porque en unos hay que aportar aire y en otros hay que extraerlo, y ese equilibrio de caudales es lo que garantiza el barrido general de la vivienda.
Los requisitos clave para vivienda
Para vivienda, el HS3 asigna caudales de admisión en los locales secos y caudales de extracción en los locales húmedos, en función del número de dormitorios de la vivienda, no del número de ocupantes que vaya a tener. Ese matiz suele generar dudas cuando el técnico viene de trabajar con el RITE, donde el criterio de ocupación real sí es determinante. En vivienda, el HS3 asume una ocupación estándar según la tipología, precisamente para que el sistema no dependa de cómo vaya a vivir cada usuario concreto en cada momento.
Uno de los puntos que peor se aplica en la práctica es el de la extracción de cocina. En un proyecto que hemos revisado en Grupo Aplus, la memoria de instalaciones incluía el caudal general de extracción de la vivienda, pero no contemplaba la extracción de cocina como una exigencia aparte, con su propio mínimo. Se había asumido que el sistema general de VMC ya cubría la cocina, cuando el HS3 pide un sistema adicional, específico, para los vapores de la cocción, con un caudal mínimo propio, además del general. Es de los fallos que más se repiten, precisamente porque a simple vista el sistema «funciona»: el aire se mueve, solo que no donde toca.
Cuando toca justificar esto ante el promotor o el proyectista, no lo explico artículo por artículo, sino que explico las situaciones de uso, distintas, que conllevan esas necesidades. La calidad del aire general de la vivienda no es lo mismo que los vapores de cocción, y por eso el HS3 los trata por separado. Esa forma de explicarlo, desde el fundamento y no desde la cita literal, es la que hace que la corrección se acepte sin fricción.
Dónde varía la interpretación
La estrategia de ventilación (simple flujo, doble flujo, con o sin recuperación de calor) es una decisión de diseño que el HS3 permite, pero no impone un sistema concreto. Lo que el HS3 exige son los caudales mínimos, no la tecnología con la que se consiguen, y ese margen de decisión es precisamente donde el técnico tiene que aportar criterio propio, no donde tiene que buscar una respuesta única en la norma.
Otro punto de interpretación frecuente aparece en viviendas con distribuciones atípicas: estudios, dúplex, estancias que cumplen doble función. Ahí la aplicación directa de la tabla por número de dormitorios no siempre resuelve el caso de forma obvia, y hay que volver a la lógica de fondo (qué aire viciado genera cada espacio y qué renovación necesita) para justificar una solución que se aparte del caso estándar sin que sea arbitraria.
Por qué entenderlo cambia cómo se diseña
Conocer el fundamento de la norma, no solo el valor, permite tomar decisiones mejor justificadas en los casos donde la aplicación directa no es obvia. El técnico que solo maneja la tabla se queda sin argumentos en cuanto aparece un caso que no encaja exactamente en ella. El que entiende por qué la norma pide lo que pide puede razonar desde ahí, y eso es lo que te permite defender la solución delante del promotor sin que suene a que te la has inventado.